domingo, 14 de julio de 2013

El Encuentro (Fragmento)



Raziel acostumbraba a entrenar en los campos yermos de las tierras bajas, cerca de los acantilados, ya que intuía – y aunque no todos le creían – que prontamente se desataría la guerra contra la el grupo de los errantes oscuros. Utilizaba, con cautela pero sin limitarse, la mayoría de las técnicas básicas que había aprendido como mago de los elementos en su viaje por las tierras interiores, esperando mantenerse en condiciones para defender al pueblo que lo acogió y, por sobre todo, a Iris, la mujer por la que hace un tiempo decidió quedarse.

En un giro de su espada y mientras realizaba un conjuro de articulación, el aire se tornó más denso y los pasos más pesados y el pecho le ardió, señal clara que algo no estaba bien… y tenía razón. Un grupo de unos sesenta oscuros aparecieron por el lado norte del bosque, comandados por un demonio de mediano rango, de armadura completamente negra y  el triángulo invertido en el pecho, del color de la sangre que nunca los sacia por completo; se le abalanzaron al instante y de manera súbita. “buena practica” pensó entre dientes, sin dejar de estar algo preocupado por la cantidad y lo peligroso del líder de aquel grupo.

Entonces la tierra se abrió y se tragó a algunos, el mago agitó una mano y las raíces de los árboles atraparon a otros tantos, recitó los versos de transformación y en un parpadeo era un Aven que agitaba sus alas velozmente, mientras golpeaba a otro grupo, se elevaba a varios metros por el aire, alzaba su báculo y los rayos caían sobre un suelo del que brotaban más enemigos: sintió el golpe de la energía oscura del demonio mayor, tuvo miedo al caer al turbulento río pero alcanzó a sujetarse de unas ramas, mientras usaba el agua para defenderse de un nuevo grupo, lo acorralaron…

El tiempo se detuvo un instante, al igual que su respiración y recordó al más importante de sus maestros, quien en las costas del norte le enseñó el lenguaje antiguo… “Las estrellas no temen a la oscuridad que les rodea”. Entonces corrió hasta el borde del acantilado, pensó en la mujer que lo enamoró y una sola convicción lo recorrió: no podía fallar.

Se lanzó sin dudar y tras de sí un gran grupo de oscuros apuntando sus espadas a su cuerpo. Gritó con todas sus fuerzas y mientras giraba en el aire se transformó en un dragón mayor, lanzando un gran tornado de fuego hacia los seres que caían tras de sí: su mente estaba completamente en blanco, intentando controlar la furia que comenzaba a dominarlo. En dos aleteos Raziel llegó de vuelta al borde de la inmensa caída, recuperando su forma humana y envuelto el un halo blanco que hizo temblar la tierra que lo rodeaba: creatura que se lanzó a atacarlo se desintegraba, ataque oscuro que lanzaba se desvanecía al instante, sus ojos brillaban con aquel tono dorado del sol que dejaban claro su estado de trance, el poder elemental. El comandante, de nombre Barshe, gritó el nombre del mago mientras se lanzaba hacia él envuelto en furia,  pero en respuesta solo recibió un ataque: pareció como si los cuatro elementos se fundieran en uno solo y como infinitas flechas atravesaran la negra coraza, mientras se expandía la esfera incandescente, destruyendo a los soldados restantes. Todos Desaparecieron casi al instante que el mago caía de rodillas, extenuado y tembloroso por el esfuerzo.

Todas sus sospechas se habían confirmado de la peor de las formas: el alzamiento de los oscuros era inminente y llegarían hasta su aldea. Solo le restaba prepararse.
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