jueves, 4 de octubre de 2012

Las Moscas de París






IX 

Que te prefería desnuda y en silencio, mi Rosalba, dormida y apoyada sobre un costado, dejando que el viento nocturno y la luz de la luna se refregaran sobre ti, cual gato perezoso asediando el lomo sobre tus piernas desnutridas; observarte el rostro pálido e informe en medio de tanta penumbra, sentir tus leves resoplidos y recordar tus muecas de amor, el lunar que sobresale en tu pecho y todas las palabras de amor absurdo que vomitábamos en la boca contraria, tan metálicas y cargadas de culpa. Que te prefiero así de ensoñada y no al recordarte al despertar tan temprano para tomar los 45 euros de la mesita de noche aturdida con tanto tabaco, verte cojear hasta la puerta y cerrar coquétamente un ojo en signo de complicidad y despedida. 



Fragmento, "Las Moscas de París"
Bernardo Cienfuegos.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Lo que Nos Toca

Este tiempo se había transformado en el nuevo modernismo, en los romances obscenos con los sueños sin sentido, con los principios de evasión, la soledad y las utopías personales; el conformismo se incubaba en los rincones de las casas, la televisión lamía cerebros indiscriminadamente, nos vendía aire y vacío, nos regalaba ausencias, olvido, terror y desnudos: circo y más circo, pero del barato y sin sentido.

Los tiempos se habían transformado en los nuevos modernos, en sentirnos geniales por tener el auto con ruedas más grandes y el equipo musical tocando eso que querían llamar música, ese ruido constante como el de los trenes oxidados que deja a los púberes creyendo que todo se reduce al juego del emboque, nos dieron el cantar de los pájaros encerrados en cajas mágicas y nos mostraban la opulencia de otros, y estaba bien, era suficiente, justo y necesario. Y aun cuando extrañábamos callecitas que no conocíamos y jugábamos a ser felices con menos plata y con más deudas y con hambre y esperas largas en la locomoción y los consultorios, donde la vieja queda botada en cualquier parte porque es vieja simplemente, porque estorba o no se acuerda, porque el hijo se va a la calle o donde los amigos bacanes: éramos modernos, unos de medio pelo u otros que “se juran”, incluso, postmodernos, los adelantados… pero no.

¿Qué nos toca hoy, en este presente donde se nos cae el techo y la vergüenza a pedazos, donde no fue suficiente escapar con esos bonos de tanto en tanto o la buena onda de unas caras bonitas que te pintan el cielo azul, ese cielo que hace mucho no es azulado sino gris por el smog que te tragas todos los días a todas horas, los mismo caballeros de cierto olimpo que venden el alma de cada hermano, justificando todo con exactas cifras y crecimiento abundante, o ese mar que se lo lleva todo sin aviso…? Estamos solos pues compadre, perrito, estamos como un dedo que no tiene nariz en la cual entretenerse, donde nos quitan el aliento por cualquier cosa, porque los que apagaron la cajita de colores con farándula y tetas al aire, los que decidieron pensar en lo que pasa en sus entornos terminaron con depresión y angustia, quedaron a merced de la culpa y prefieren enterrarse en mil libros o ver películas o volver a lo de siempre y estar tranquilos o algo parecido…

Al final, hoy mismo, preferimos buscar un par de frases de mentira en tal o cual red social para sentirnos un poco menos indecentes, pero da igual. En mi caso, me las invento siempre... en mi caso, que decidí abrir los ojos y olvidarme de las sombras reflejadas en el fondo de mi propia obscuridad, me repito como un mantra mal pronunciado: “la vida se había vuelto una noche constante: entonces aprendí a soñar.”

martes, 25 de septiembre de 2012

Entre Sueños




Entonces Juan miró sus ojos como si nunca más pudiese hacerlo y mientras le entregaba la flor que arrancó de una casa en el camino, le invitó un café. Cuando ella comenzaba a abrir sus pequeños labios para contestarle y él respiraba profundo para contener las ansias de abrazarla y no dejarla ir nunca, lo despertó el chillido del reloj justo a las siete y quince de la mañana, con el suspiro aún en la garganta. Cinco minutos más tarde era la ducha, el cepillo de dientes que no aparecía, el zapato tras la cortina y las llaves dentro del refrigerador, dejar el gato en la entrada, correr por las escaleras para no perder el bus colectivo que lo lleva al trabajo… a empezar con la rutina.

“Perdón, perdón” repetía mientras recogía los papeles de su colega, con el que había chocado por estar pensando en Antonia y el encuentro que tendrían en la tarde; si ya lo había planeado tanto no podía salir nada mal, era un hecho y sonreía entre dientes al entrar en su minúsculo mundo entre tableros de madera, que hacían de oficina. Y las fotocopias e impresiones salían manchados con los dedos de Javier, derramaba el café que llevaba a su jefe, y en vez de redactar los presupuestos para el plan de ventas del próximo año, escribió toda una pauta y hasta un par de poemitas cursis para su encuentro con la chiquitita de ojos claros, tan menudita y hermosa, con aquel carisma sin igual que lo llevaba a treinta centímetros del suelo durante el día y por la cual se había ganado muchas reprimendas.

Salió veinte minutos mas tarde de lo habitual de la oficina y eso lo llevó al borde de un colapso nervioso. Corrió a más no poder hasta llegar al Paseo de los Sauces justo en el momento en que ella, con un vestido rojo y el cabello suelto, daba vuelta la esquina sur. Tomó la primera flor que vio cerca y comenzó a acercarse torpemente entre la gente, sin dejar de contemplarla entre las hojas de los árboles arrastradas por la brisa de la tarde y el aroma del café recién servido que escapaba de los restaurante, las palomas levantando el vuelo cerca de ambos… Al quedar frente a frente ninguno dijo nada durante unos segundos, solo sonrieron. Entonces Juan miró sus ojos como si nunca más pudiese hacerlo y mientras le entregaba la flor que arrancó de una casa en el camino, le invitó un café. Cuando ella comenzaba a abrir sus pequeños labios para contestarle y él respiraba profundo para contener las ansias de abrazarla y no dejarla ir nunca, lo despertó el chillido del reloj justo a las siete y quince de la mañana, con el suspiro aún en la garganta.



Imagen: Otoño, El Boulevard, 1994
Óleo/Lienzo.Colección Particular

viernes, 21 de septiembre de 2012

Aparecidos Anónimos




Esa mañana, mientras avanzaban las obras de reparación de la carretera, una pala cavó en un lugar que no debía, apareciendo bajo unas piedras tres sacos con restos humanos. El teléfono sonó temprano avisando inmediatamente al comandante Romero sobre el asunto, ya que debían tomarse medidas urgentes para evitar mas escándalos y no arriesgar así una de las cabezas mas importantes a cargo del país: el vicepresidente. Siguiendo con el plan estipulado hace años ante este tipo de situaciones, se intervinieron los canales de comunicación en las instituciones correspondientes y se llamó a terreno a un par de “especialistas” en el área arqueológica para cotejar las osamentas.

Varios días después aparece un artículo en la prensa sobre restos indígenas hallados en las afueras de Santiago por un grupo de trabajadores, en los cuales se habrían encontrado cerámicas y otros objetos que acreditarían este hecho. No fue difícil cubrir las huellas de lo sucedido, los peones eran jóvenes y de pocos recursos, únicos testigos. Tan pronto como la expectación disminuyó, se archivaron los restos quedando una vez mas como aparecidos anónimos, salvo un trozo de papel que la pala liberó de un bolsillo y se alejó del lugar: " hermana mía, si lees esto, no lo logré... me callaron para siempre.”

jueves, 20 de septiembre de 2012

Máximas Mínimas


(Recopilación)

I

O eres lluvia o agua de los ríos, o corres entre las vertientes de las rocas sinuosas o te descuelgas de las grandes montañas o te dejas respirar por mil seres a los que das vida; eres el llanto de un niño o sabia de mil bosques… o esencia de mil flores… entonces, ¿por qué tanto odio por aquella diferencia, si aquella alma que compartimos está nutrida por aquel manantial, aquel paraíso que es todo océano?

II

Me hace falta esa libertad que como niño concebía como natural, aquella que al ser adulto se vende envasada en fines de semana sin sentido.

III

Olvídense de las letras que brotaban de mis dedos, esos tiempos están derramados entre las sobras del terror; al frungir, tus versos destrozados han creado en mis manos tu nueva alforja: Literaturbia.

IV

El pordiosero, mirando su reflejo se dijo: "¿realmente debes justificarte ante el resto?" Entonces cerró los ojos y suspiró. Al girar, no se percató que su imagen abandonaba los harapos y le sonreía mientras vislumbraba un nuevo futuro.

V

Todo gira en sus manos, revuelve el mundo y lo transforma en un suspiro de eterna melancolía...

VI

Abriste las alas para alzar el vuelo, queda aún la cadena que te ata al piso de tus propios prejuicios y miedos.

VII

No pongo las manos al fuego... pongo el corazón. Punto.

VIII

El perfecto castigo de la hoja en blanco para el creador insensato de sueños inconclusos.

IX

El asalto de las letras y el tabaco en esta noche de conciencias revueltas, de estrellas compasivas y cantos de una guitarra melancólica.

X

Pierde la cara, pierde las imágenes que te han puesto como estampas en los ojos, derrámate por tus lamentos y simplemente muere... luego de ello, sé tu mismo.

viernes, 27 de abril de 2012

Sísifos todos


Rodar una roca gigante hacia las cumbres, dejarla rodar hacia el abismo nuevamente por miedo al cielo, a la luz, a sus estrellas fantasmagóricas, a su pretenciosa inmensidad, despojarse del nombre que cargamos, las cruces, las fechas, los lamentos mundanos y guardar solo aquellos que nos sirven para nada, para apretar con mayor fuerza las sogas del llanto al cuello, abrir los brazos buscando un consuelo en el espacio vacío, reseco y tan yermo como las noches en camas desoladas, sin una respuesta coherente, sin un ápice de movimiento, simplemente detenidos en algún instante terrible y agrio, sin poder dejar de saborearlo, sin limpiarnos la cara de las expresiones flatulentas del ego, de nuestro karma o el de otros, o de los pecados cometidos por el hijo o el padre o cualquier bestia que osó a ser creado; Aquel esclavo que carga con su muerte próxima, con su miedo de infante abandonado, aquel tronar de las campanas en las jaulas del pensamiento, los insectos amarrados a las miradas que se descuelgan para encontrar el alimento del otro frente a frente, ese mismo somos nosotros, somos Sísifo, aquel que carga un mundo en sus hombros y escupe al suelo, se mofa de los dioses y se ríe de sí mismo, consciente de su destino y realidad, del absurdo de su labor perpetua, de sus decisiones y la falta de ellas, porque el hombre no pudo levantarse ninguna de las mañanas del tiempo, luego de sus delicadas pesadillas (que, por cierto, regaban el jardín de sus agonías) y gritar No te serviré: las viejas no eran encantadoras, ya enterradas olían como las melodías lisonjeras de los cornos y metales pesados, oxidados y sin remedio,  y aquel personaje somos nosotros, nos callamos los dedos, nos guardamos los pies, escondimos las ideas y lanzamos las llaves del pecho al mar y nos quedamos solos y contradictorios.

Sísifo nos observa desprotegidos y lloriqueantes, se burla de sí mismo y sigue su labor: arrastrarse por sí mismo sin derecho a perder el tiempo con sus otros semejantes. 

viernes, 13 de abril de 2012

El Loco


Sacaron una carta del tarot, la pusieron en mi frente y me lanzaron al vacío: un perro perseguía a el loco que, con sus colores inexactos apuntaba una estrella en el cielo, vociferando a los ineptos:

“Si me faltan las palabras o la suma de conceptos que formen esta torre de babel llamada causa plausible de un método que no tiene nada de efímero dentro del mundo que he de construir con estas garras indescifrables. ¿Lógica? No, esa perpetuo e innecesario juego de proposiciones no calza en estos garabatos: aquí tenemos hojas que caen en el viento, semillas que revolotean entre las gargantas de cantautores adictos a la muerte, a un arte divinamente trastocado por esta realidad que no tiene pies ni cabeza ni torno ni forma conocida para vos o tu o lo que sea.

Y ver a los niños escribiendo en las paredes "Lorem ipsum vim ut utroque mandamus intellegebat, ut eam omittam ancillae sadipscing, per et eius soluta veritus", como mensajes subliminales a los viejos tarados que han hecho del dolor su fuente de los deseos, algo parecido a subsistir con ataques constantes de epilepsia, disonantes consigo mismos pero consecuentes con el error de dejarse llevar por el rebaño, cardumen o enjambre de causalidades absurdas; a los necios les traducen bajo los parpados aquel latín, "A nadie le gusta el dolor para uno mismo, salvo que lo busque y desee tenerlo, solo porque es dolor."
Y les gritan “sufrimos porque así lo decidimos”.

¿Qué pasa con nosotros, el resto, los que pernoctamos con las ideas al aire, con el cerebro en las manos y el corazón corriendo tras las ruedas de los autos, completamente perdidos en el sendero del lenguaje inmenso? Simple: absolutamente nada, seguimos mordiéndonos la lengua e intentando respirar mientras les susurramos maternalmente a nuestros amigos imaginarios: “no te duermas, no me dejes…”


domingo, 8 de abril de 2012

Manifiesto


Hay cierta literatura que no es soportada por las palabras, pequeñas y arrogantes, tanto como el que las derrama en el papel. Sus aromas y colores son demasiado intensos, sus vuelos un ensueño de perfección, de caminar profundo y sinuoso, llanos verdes y ríos profusos. Debemos, pues, deslizar nuestras manos mínimas para tejer lo más próximo a sus vuelos infinitos, retratar cierta parte de aquel objeto con estos pequeños materiales, ser arquitectos de palabras simples y, sobre todo, de corazones humildes.

Sin embargo, en las condiciones que hoy se encuentran, las palabras son cosa del pasado humano, deshilachadas y perdidas: su ardor pálido y cansado, manoseado, mutilado y mil veces ultrajadas… ¿Acaso no hay respeto o esperanza por aquella esencia que hoy por hoy pierden su real importancia? ¿La literatura que hoy el mundo propone es, por tanto, un juego de azar que mezcla realidades carentes de verdadera creación?

Saldría a la calle a dibujar en los bancos de las plazas y en los árboles y en las paredes una frase manifiesta, directa y consecuente con mi predica: “Al escribir nuestra literatura osamos a dejar las palabras en segundo plano, tomamos nuestro aliento, canto y carne y los rasgamos para vaciarla en lo indómito de la nada misma, de la primigenia obra perfecta: la hoja en blanco.”.

Es por lo anterior que me permito decir, infame quien no arriesga la razón para sembrar las semillas de la creación o herir de pasión un lienzo vacío. Y que me perdone quien se atreva a leer esto, pero hay cosas que jamás debieron ser escritas y ser llamadas como tal: arte; han mutilado el universo, aquella concreción absoluta de las ideas, conjunción de firmamentos, por el simple hecho de ahorrar esfuerzos en trazar más que unos cuantos caracteres que acompañen sus atolondradas letras, simplemente no merecen calificarse de escritores. Asumir aquella investidura significa aceptar velar las armas gloriosas del poeta o cuentista, del músico o novelista: una pluma ardiente cargada de espíritu y un alma entera dedicada a la lucha contra aquellos gigantes molinos de viento de la mediocridad y la ignorancia de este mundo mal evolucionado.

domingo, 26 de febrero de 2012

El grito de Chile

La literatura es, de uno u otro modo, una forma de mostrar la realidad, de plasmar el día a día de las personas: hacer oídos o letras sordas a lo que ocurre en mi tierra es botar a la basura la esencia de cualquier escritor, es renunciar a aquel legado que se ha mantenido desde tiempos inmemoriales.

Hoy por hoy en Chile se ha roto el esquema del folclore popular que marcaba a fuego las voluntades de la gente al aceptarlo todo sin reparos (quizás sacados a flote por aquellos que nacieron luego del fin de las cárceles intelectuales de fines de los ochenta), se sobrepasó aquella fastidiosa etapa de transición que significaron los años noventa, plásticos e inverosímiles, las tecnologías al fin están al servicio de sus creadores (para bien o mal) y una palabra ha surgido de quienes ya no pueden aceptar que las cifras de crecimiento lleguen al techo y ellos angustiados como siempre pensando en que comer y como pagar: han perdido el miedo a decir que las cosas están mal.

En 1968 por las calles de Francia se alzaban las voces que pregonaron “prohibido prohibir”, expresando su deseo por un mundo mejor, más igualitario, donde cada cual tuviese la posibilidad de construir una sociedad justa, igualitaria y sin la dominación del dinero por sobre las verdaderas necesidades. Allí, el Arzobispo de París expresaba en los medios de comunicación: “el espíritu santo está gritando en las calles, ¡ojala escuchemos su mensaje!”, es lo que hoy la mayoría de los ciudadanos chilenos pide, más y mejor educación, salud, igualdad, respeto, oportunidades, dignidad y, por sobre todo, un crecimiento igualitario para todos y no solo para un pequeño grupo (quienes, al parecer, quieren mantener el Status Quo).

La gente se ha alzado históricamente ante las injusticias, ahora es tiempo de que cada cual reflexione sobre el compromiso que tiene para construir la sociedad que queremos todos y para todos, no para unos pocos privilegiados.

Hoy digo, que el país cambie, que avance, que sea real y consecuente con sus valores y espíritu, lo queremos distinto, ¡lo queremos mejor!.

Finalmente, un microcuento simple y efectivo (creo jeje):

Ajedrez

El año 1793, rueda la cabeza del rey Luis XVI. Cuentan los santos y videntes que desde el cielo, los Ángeles murmuraron "jaque mate".

jueves, 23 de febrero de 2012

Vade retro...

Salto mis propias reglas establecidas, miro de reojo hacia las cortinas que apenas esconden la claridad de la tarde y, cual animal asustadizo, trato de proteger las pocas ideas que han nacido estos días de calor y agobiante monotonía. Son las 20:40 hrs.

Han ocurrido hechos importantes: Ciudades que se alzan ante la injusticia, grandes accidentes, frío y calor, amor y compromiso (si, el nuestro y el de un par de estrellas que acabaron anidándose en tus ojos), soledad… y sin embargo, prefiero hacer de este lugar un lapso breve de improvisación y templo de letras cosidas a regañadientes.

Aunque quiera palabras simples no las hay: quizás es el excesivo respeto a la página en blanco, o el terror de infante a su tremenda perfección me tienen entre la hoja y la pluma, realmente no lo sé... habrá que conformarse con lo que me dictan los canes de la calle, que tiene mucho que contarnos; les dejo una reflexión contradictoria y amarga.

Una ficción sin realidad

La verdad es que siempre pensé que un papel no podría contener tantas decepciones juntas, tantas mezquindades, ambigüedades y falsas apariencias, sobre todo, tanta rabia. Sin embargo, a medida que iba ahondando en variados tipos de literatura, comencé a encontrar casos y situaciones que nos llevan al extremo de las pasiones y bajezas del ser humano, donde todo se vuelve una miserable mezcla de pretextos y excusas absurdas, donde se entrelazan tantas visiones bizarras de hombres y mujeres que mis concepciones de las hojas en blanco comenzaron a cambiar.

Hay ciertos libros que me sacan completamente de contexto, que utilizan magistralmente aquellas banalidades y las transforman en obras de arte de la corrompida humanidad, donde las mentiras, los corazones desgarrados, las penas interminables y las catástrofes permanentes rellenan el óleo de un lienzo de media página o miles de ellas; de tanta poesía obscura, cargada de sangre y muerte, tantos trazos de narrativa, donde, absolutos, caminan enmascarados, gatos malditos y latidos aterradores. Está la muerte y la miseria en toda la tinta.

Sin embargo, los textos quedan pequeños, las páginas no pueden cargar aquellos fragmentos que quedan flotando en el espacio inerte de la realidad, las letras no pueden copiar aquella realidad, apenas si, imitarla.


Cienfuegos