jueves, 4 de octubre de 2012
Las Moscas de París
sábado, 29 de septiembre de 2012
Lo que Nos Toca
martes, 25 de septiembre de 2012
Entre Sueños
viernes, 21 de septiembre de 2012
Aparecidos Anónimos
jueves, 20 de septiembre de 2012
Máximas Mínimas
viernes, 27 de abril de 2012
Sísifos todos
viernes, 13 de abril de 2012
El Loco
domingo, 8 de abril de 2012
Manifiesto
domingo, 26 de febrero de 2012
El grito de Chile

La literatura es, de uno u otro modo, una forma de mostrar la realidad, de plasmar el día a día de las personas: hacer oídos o letras sordas a lo que ocurre en mi tierra es botar a la basura la esencia de cualquier escritor, es renunciar a aquel legado que se ha mantenido desde tiempos inmemoriales.
Hoy por hoy en Chile se ha roto el esquema del folclore popular que marcaba a fuego las voluntades de la gente al aceptarlo todo sin reparos (quizás sacados a flote por aquellos que nacieron luego del fin de las cárceles intelectuales de fines de los ochenta), se sobrepasó aquella fastidiosa etapa de transición que significaron los años noventa, plásticos e inverosímiles, las tecnologías al fin están al servicio de sus creadores (para bien o mal) y una palabra ha surgido de quienes ya no pueden aceptar que las cifras de crecimiento lleguen al techo y ellos angustiados como siempre pensando en que comer y como pagar: han perdido el miedo a decir que las cosas están mal.
En 1968 por las calles de Francia se alzaban las voces que pregonaron “prohibido prohibir”, expresando su deseo por un mundo mejor, más igualitario, donde cada cual tuviese la posibilidad de construir una sociedad justa, igualitaria y sin la dominación del dinero por sobre las verdaderas necesidades. Allí, el Arzobispo de París expresaba en los medios de comunicación: “el espíritu santo está gritando en las calles, ¡ojala escuchemos su mensaje!”, es lo que hoy la mayoría de los ciudadanos chilenos pide, más y mejor educación, salud, igualdad, respeto, oportunidades, dignidad y, por sobre todo, un crecimiento igualitario para todos y no solo para un pequeño grupo (quienes, al parecer, quieren mantener el Status Quo).
La gente se ha alzado históricamente ante las injusticias, ahora es tiempo de que cada cual reflexione sobre el compromiso que tiene para construir la sociedad que queremos todos y para todos, no para unos pocos privilegiados.
Hoy digo, que el país cambie, que avance, que sea real y consecuente con sus valores y espíritu, lo queremos distinto, ¡lo queremos mejor!.
Finalmente, un microcuento simple y efectivo (creo jeje):
Ajedrez
El año 1793, rueda la cabeza del rey Luis XVI. Cuentan los santos y videntes que desde el cielo, los Ángeles murmuraron "jaque mate".
jueves, 23 de febrero de 2012
Vade retro...

Salto mis propias reglas establecidas, miro de reojo hacia las cortinas que apenas esconden la claridad de la tarde y, cual animal asustadizo, trato de proteger las pocas ideas que han nacido estos días de calor y agobiante monotonía. Son las 20:40 hrs.
Han ocurrido hechos importantes: Ciudades que se alzan ante la injusticia, grandes accidentes, frío y calor, amor y compromiso (si, el nuestro y el de un par de estrellas que acabaron anidándose en tus ojos), soledad… y sin embargo, prefiero hacer de este lugar un lapso breve de improvisación y templo de letras cosidas a regañadientes.
Aunque quiera palabras simples no las hay: quizás es el excesivo respeto a la página en blanco, o el terror de infante a su tremenda perfección me tienen entre la hoja y la pluma, realmente no lo sé... habrá que conformarse con lo que me dictan los canes de la calle, que tiene mucho que contarnos; les dejo una reflexión contradictoria y amarga.
La verdad es que siempre pensé que un papel no podría contener tantas decepciones juntas, tantas mezquindades, ambigüedades y falsas apariencias, sobre todo, tanta rabia. Sin embargo, a medida que iba ahondando en variados tipos de literatura, comencé a encontrar casos y situaciones que nos llevan al extremo de las pasiones y bajezas del ser humano, donde todo se vuelve una miserable mezcla de pretextos y excusas absurdas, donde se entrelazan tantas visiones bizarras de hombres y mujeres que mis concepciones de las hojas en blanco comenzaron a cambiar.
Hay ciertos libros que me sacan completamente de contexto, que utilizan magistralmente aquellas banalidades y las transforman en obras de arte de la corrompida humanidad, donde las mentiras, los corazones desgarrados, las penas interminables y las catástrofes permanentes rellenan el óleo de un lienzo de media página o miles de ellas; de tanta poesía obscura, cargada de sangre y muerte, tantos trazos de narrativa, donde, absolutos, caminan enmascarados, gatos malditos y latidos aterradores. Está la muerte y la miseria en toda la tinta.
Sin embargo, los textos quedan pequeños, las páginas no pueden cargar aquellos fragmentos que quedan flotando en el espacio inerte de la realidad, las letras no pueden copiar aquella realidad, apenas si, imitarla.
Cienfuegos







