jueves, 16 de febrero de 2012

Ne me Quitte Pas mon Art, mon âme

De vuelta de las vacaciones y de vuelta a encontrarme con esta realidad llamada ciudad y gente y televisión y mil cosas más. Allí, en este licuado de paradojas es difícil (pero no imposible) encontrarse con un hecho que marca el camino de los hombres y que refleja la riqueza de su espíritu y la del universo entero. La pasión con la que algunos observan y recrean su mundo, a través de la música que brota de sus dedos o las letras que caen de sus bocas, sus trazos en el lienzo de la vida o el intenso aroma de las sensaciones que dejan flotando en el aire, esa forma en la que busco mi propio ritmo y mis propias pausas; concluyo que no hay derecho a vivir de otro modo más que dejando fluir aquello que nos azota y nos reclama en su ausencia. Bien lo sabía Edith Piaf cuando dejaba entre bares y burdeles sus canciones cargadas de alma, Ne me Quitte pas mon amour, mon vie, mon art, casi muriendo en los escenarios del mundo, pero cantando. ¡Cuanta esencia desperdiciada en aquellos que niegan y abandonan sus caminos para seguir el que otros le han impuesto! ¡Pobres!... Pobres…

¿O es tan difícil reconocer a personas que hacen una u otra cosa simplemente por necesidad o por cumplir, y no lo que realmente desean? Vicisitudes hay muchas, pero voluntad mucha más.

y que no sea este pedazo de hoja pretendido como concepto de autoayuda manoseado y turbio, aparecido como el cualquier arranque de perfidia o sinuosa palabrería: la realidad es demasiado obtusa para caer en convencionalismos baratos del tipo “política-mente (¿?) correcto”, esto cabe aquí porque los homenajes son necesarios para recordarnos que otros pueden tanto como nosotros, que finalmente todo aspecto de nuestras vidas debe ser transformado en un arte por excelencia, puro y sobrecogedor; hacer de nuestra vida y nuestros actos una obra de perfección, de creación, es, en síntesis, el afán de todo conocimiento, de todo aspecto humano: Cualquier trabajo puede ser el mejor si así lo queremos. Tanto como para el que lea esto, es un recordatorio para mi mismo.

Muchos conocen esto, muchos necesitan pararse al borde y sentir el viento golpeándoles el rostro, sentir que el corazón remece por completo su coraza, gritar y sentir el vértigo de una caída mental… esto, crear, creer, es igual.

No hay creencia, religión, dogma o voluntad humana que no busque aquel concepto de libertad: crear, ser arte en cada respiro, ser en sí mismos una gota de vida que no se desperdicia. Lo demás son supercherías baratas.

Les dejo un microtexto tejido a mano y a ojos cerrados:

Raíces Ausentes

Jugamos a ser enormes en un tiempo que no termina jamás, buscamos estrellas perdidas y lechos vacíos que nos llenan los brazos de olvido y soledad... no respiramos el aire que debiésemos, no comemos siquiera las palabras mas amenas y nos acostumbramos a regurgitar el barro mas oscuro: ¿donde quedan las miradas que se posan en el crecer de los niños, el danzar del mar y las arenas vestidas de recuerdos? ¿Donde vamos, donde, a que necedad nos dirigimos? alguna vez dijeron que nuestro andar nos llevaba a un lugar que se parece a un cielo lleno de paz y alegorías; no, no existen más paraísos que los paraísos perdidos en un lugar que abandonamos hace mucho.

Final: 02:42 del 16/02/12 con campanas de fondo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Una estrella en el Camino me hizo tropezar con...

Resulta que la costumbre, también llamada rutina y que tanto odio pero mantengo como gato que indefectiblemente se refriega hasta contra el perro para buscar cierto placer, tengo que acercarme a las hojas virtuales y escribir un poco, ahora sin la famosa pipa, con una agresiva luna llena y el cansancio pegado a la mirada: y es que estando de vacaciones en La serena-Coquimbo (que entre ellos se odian con cierto esmero pero para mí son esos hermanos tipo Pimpinela: se tienen bronca pero no pueden vivir separados) me encontré con un lugar digno de las manos creativas de García Márquez y sin una pizca de vergüenza me atrevo a decirlo y afirmarlo. A unos cuarenta minutos al interior de dicha ciudad siamesa se encuentra el pueblito de “la Estrella”, donde los cerros se refriegan contra el cielo con sus calidos verdes veraniegos y los animales y personas son de carnes rudas y miradas tiernas y acogedoras, donde a un costado de la parcela de los Buendía (sí, tal cual) está la de mi tía Isabel, rodeada de arbustos, paltos, limones y el viento que hace chillar los bordes de las ventanas, dejando que su melodía se propague por todo el valle. También está el detalle de las mariposas: Amarillas y en cantidades razonables para la época se pasean por sobre la maleza y las gallinas: no fue sorpresa que, luego de un momento de risa nerviosa por el paralelismo – a esas alturas imaginaba a Melquíades y su gente llegando con sus instrumentos y objetos extraños al lugar – pasé a guardar un silencio de maestro tibetano; al menos estaba el resto de mi familia allí para decirme algo y evitar así que me fuese flotando a los cerros en busca de alguna idea extraña con las Lepidópteras siguiéndome como globos errantes.

Al rato es lo de siempre, con los saludos y las anécdotas y tomar agua de la vertiente y olvidarte que pasaste el cuarto de siglo sólo para andar tirado en la tierra mirando las piedras, las florcitas y los insectos camuflados, cual cabro chico de comercial de detergente. Y me sentía idiota (así como Cortazar lo decía en La vuelta al Día en Ochenta Mundos) y miraba todo como si fuese nuevo y desconocido y National Geografic o los reportajes de la tele o los libros de Naturaleza no existiesen para nada, y me miraban con cara de burla y tenían razón pero que más daba si la cosa era disfrutar y pasarla bien y dejar de ser el profe cartucho de lenguaje y contagiarse de esa nueva enfermedad muy rara en la actualidad llamada “sorpresa ante hechos simples y cotidianos”.

Luego de todo, una sola cosa era un hecho: el tiempo avanza demasiado rápido y a los buenos momentos se los lleva el carajo pronto si no los inmortalizas, sea en la memoria, en una foto o en una hoja de papel llena de garabatos (o servilleta, o cartón, da igual). Bajo ese concepto tomé las fotos que pude, escribí otro tanto, recogí algunas piedras, bebí y me empapé del agua de la vertiente, recité en voz baja algunos poemas de Whitman y Benedetti, respiré profundo y guardé silencio para hacer una reverencia a aquel lugar; no fue difícil irse, si lo fue dejar de sentir aquel poder inmenso que fluye debajo de los pies y que la gente de “La Estrella”, con su escuelita y sus casas mínimas conocen perfectamente, fue difícil dejar de pensar en Aquel lugar como el lugar final de la reconstrucción de Macondo, alejado de los trópicos y las plantaciones de Plátano, ahora apegado a los cerros y a otro misticismo, a otra realidad, a otra magia poderosa y refulgurante: con otros Buendía y otros sueños que imaginar y cumplir… ahora es difícil no desear volver.

jueves, 2 de febrero de 2012

Que ladren que avanzamos (pero no tan fuerte que interrumpen)

02-02-12 (00:06 hrs), en Algún lugar del Patio

Quizás lo que despierte los más burdos sentimientos en algún personaje que busca ser literato (decir “ser escritor” es casi tan común como “soy hablante”, perdonando el insulto a cualquier mudo que ose a leer estas páginas) es la de cualquier tipo de ser animal que interrumpa y, por ende, revuelva el entuerto de palabras y enjundias que se maceraban ad portas de ser concretizadas sobre cualquier tipo de elemento que haga de sinónimo para el eterno y bien parido papel. Y es que no hay sujeto que no sea imaginado en muertes crueles y golpes portentosos por haber osado a pronunciar dos o tres vocablos siquiera, más aún si estos carecen de importancia o trascendencia: “¿supiste que ese tipo de la farándula se peleó con su novia?”… por el amor del cielo.

Peor es el asunto cuando, enajenadas de sus bocas, casi sin pretensiones de real atención, vociferan un sordo juego de repeticiones mundanas, donde sus lenguas dibujan en el oído toda clase de objetos y poliedros inconducentes. Al final, cada árbol leñoso, considerado en sus mentes ofuscadas como la más fina y bien pensada palabra, era un regurgitar más exacto de sus errores hereditarios tipo Neardentalensis.

Pasa también cuando, perdido en las palabras de una buena historia, han de venir con sus oraciones afiladas a cortar el hilo de aquella magnifica historia. Y bien lo dice Cortazar y tantos otros, a venia de su bienestar físico: “será por bien que aún me quede tanta oreja para vuestro hablar y nuestro escribir…”

Lo bueno de todo, una cosa que dice algo así:

“Quizás un tango mal Parido vino a dejarse sentir en las bocas de mis amigos los canes, y toda la paz, la extenuada tranquilidad que se forja a regañadientes en cualquier ciudad que se digne de parir un numero indeterminado pero exponencial de personas cada día, parece de rodillas ante aquella distracción que sabe a dulce vino o sangre o a eso que da lo mismo”.

Finalmente, termino con un par de reflexiones que no encajan en ningún lugar, al menos, aparentemente:

1.- Todo arte converge de manera misteriosa (porque misterio le llaman a ciertos paradigmas que no logramos comprender) en algún punto de su propia creación, se aúna con las palmas de su dueño y se reproduce en la de todos quienes respiran ese aire azaroso y perfecto, onírico, etérico: desde la rupestre germánica hasta el crío que en 20 años más destaque en la música, la pintura, el baile o quizás en que otra pavada que se vuelva innecesaria para la mecanizada evolución del insípido hombre futurista; quien trae a la vida el temblor de la carne y se olvida de las repeticiones para enmarcar una creación nueva, infinita y absoluta.

2.- En ocasiones nada mantiene en el aire a las aves, más que la mera voluntad de figurar en el cielo que les fue concebido por derecho propio; sino, ¿quién sería digno de respirar profundamente y alzarse sobre el suelo con nada más que huesos huecos y pelaje extraño?

Nota al margen: Este texto no está dirigido a nadie en particular. Si, es Ge-ne-ral; si le gusta el Sweater-Bufanda-Poncho adelante, pruebeselo sin compromisos caserit@

martes, 31 de enero de 2012

Solve Et Coagula


Volatile

Quizás siguiendo un poco la senda de lo escrito anteriormente, fue que en un acto de trasnochada locura, los dedos, el hígado y uno que otro respiro (además de aquella parte irracional y deliciosa que todos llevamos dentro), aparecieron este cúmulo de letras, cada una con voluntad propia y con complejo de energúmenas; la mejor hora para vomitar alguno que otro recuerdo-deseo-violación de cualquier índole ha de ser en estos instantes, justamente, luego de que comienzan los ronquidos de los personajes de esta tira cómica en la que insertaron al mundo. Así, les presento a mis (si es que alguna ves pertenecieron a alguna parte desconocida de mis lamentos) diagramas de extremaunción:

Fixum

Y como declaración de independencia renuncio a mi nombre y al de las cosas y todo y yo mismo nos llamaremos silencio absoluto, por sobre todo a ese mutismo predilecto que escupe sobre las definiciones y los "porque si" del mundillo de contr(A)dicciones que se entrama en toda realidad... esa misma que se entiende (recocida y para nada cruda como la plantean) como una conjunción de hechos que no concluirán, como un espejismo cuajado de sobresaltos abruptos y sin sentido, que nos agreden de la manera más dependiente.

Abissus

Como el Ouroboros, todas las palabras son concebidas de manera cíclica, porque son ellas mismas quienes las crean y creen. Así, el chamán de cierta tribu explicó – como es la tradición - a los que se convertían en aprendices de las verdades del mescalito, mientras ofrendan una parte de su cuerpo en sacrificio:

“...Cierto Dios comprendió este hecho y pintó con los dedos la tela negra de sus ojos: trazó letras que eran música y palabras multiformes: así nació un nuevo universo. Sin embargo, nunca consideró que las palabras creyeran, muchas creaciones y universos nuevos después, en si mismas e intuyeran la de su rítmico pintor. “Bastaría con lavarse las pupilas por dentro y meditar los conceptos de perfección” se dijo en algún instante, viendo como un gran campo de hormigas a la variada gama de letras y trazos que se retorcían y mutaban; El gran error se manifiesta en su "perfecta" creación músico-pictórica: inter-existencialidad entre pintado y pintor. Finalmente y, en ambos paradigmas, se cumple la misma profecía: no se bota la pintura, se remenda y desmancha a medias, a tajos abiertos; destruirla es destruirse.

Entonces en las ramas de los árboles celestes, en las estrellas mismas que imaginamos, jamás en la que por las noches se nos muestran, apenas malas copias de muertas esmeraldas, lo serpentil se repite al ser los oleosos rostros de los imaginados-pintados quienes comienzan a crear-creer en sus Perfecciones propias: Ser dioses que crean nuevos horizontes, sin que otros puedan negarlo o refutarlo.”

Ora et Labora

Toda esta parafernalia de líneas disueltas en una página, como orquídeas lanzadas en memoria de los difuntos, se coagula en un punto tortuoso: Lo dialécticamente terrible para el escritor es que el juego de las palabras es la herida predilecta para supurar sus delirios creativos.

Finalmente saquen sus conclusiones: yo respiraré profundo para soñarlos en colores esta noche.

sábado, 21 de enero de 2012

Return to the Jungle




"...vivir,después de todo
no es tan fundamental
lo importante es que alguien
debidamente autorizado
certifique que uno
probadamente existe".

Benedetti

Hay que escuchar música vieja, dormir poco, recordar más de lo necesario, mordisquear imágenes antiguas para sentirnos un poco mal y un poco vivos, extraviar pasos y dejarse amedrentar por la oscuridad justo antes de dormir; no recordaba cuanta falta me hace escribir en cualquier lugar, llenar un espacio random y mancharlo con la sangre de mil palabras paridas con melancolía y desasosiego…

¿Para que tener un sitio donde escribir si no es sino cumpliendo una serie de reglas preestablecidas y mecánicamente ordenadas? No, he preferido seguir mirando el mundo desde mi banquillo de acusado y mover las manos al compás de las canciones que el resto me ha propuesto. Y ya estoy cansado de eso.

“¿Quién me salvará de existir?” decía Pezoa, también pensaba yo (y aun sigo rumiando de vez en cuando) pero ya es demasiado tarde para eso, para siquiera considerar alguna formula filosófico – metafísica para hablar del problema de nacer, residir (en resumen, existir) en un lugar que no te parece para nada el correcto: me gusta el frío, la lluvia, los días nublados, los bosques, los acantilados y mucho de lo que algunos consideran como mitología nórdica; soy nacido, criado y curtido en el desierto más árido del mundo.

En fin, ¿Cuál es el problema de todo? Buscar una respuesta a cada cosa, ser exigente, inconformista y egocentrista; tener una mente tremendamente fantasista y generadora de imágenes y momentos medio reales no es de gran ayuda a la hora de las sumas, ya que duele un poco más cuando necesitas simplemente hacerte el idiota para seguir avanzando y adaptarte a las circunstancias.

Sea como sea, estoy cansado de buscar la aceptación de otros (pero sobre todo de una persona en particular… en general mi mas hermoso y grande error), un cuarto de siglo que ha comprimido demasiadas experiencias que hacen sentir un tibio sabor metálico en la boca fue suficiente como para no querer bordear la muerte como una prostituta sin dignidad ni papeles al día. Todos necesitamos en algún momento respirar por nosotros mismos y yo no soy la excepción… basta de pedir permiso sonriéndole al resto.

Así que, en síntesis, les dejo (a quien, realmente, no me interesa, aunque agradezco el concepto de “alguien”) un trozo de lo que brota de mis dedos últimamente:

Desenlace

Luego que su mujer le pidiera el divorcio, el escritor comenzó una nueva obra; redactó y desarrolló cada detalle meticulosamente y construyó el más fuerte de los nudos para terminar su propia historia.


Bernardo Cienfuegos

sábado, 15 de mayo de 2010

Enajenado (alegoria al copy paste)

"Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente (...)

... a nuestro lobo estepario le ocurría, como a todos los seres mixtos, que, en cuanto a su sentimiento, vivía naturalmente unas veces como lobo, otras como hombre; pero que cuando era lobo, el hombre en su interior estaba siempre en acecho, observando, enjuiciando y criticando, y en las épocas que era hombre, hacía el lobo otro tanto. Por ejemplo, cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello pensamiento, o experimentaba una sensación noble y delicada, o ejecutaba una de las llamabas buenas acciones, entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes, se reía y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta distinguida farsa a un lobo de la estepa, a un lobo que en su corazón tenía perfecta conciencia de lo que le sentaba bien, que era trotar solitario por las estepas, beber a ratos sangre o cazar una loba, y desde el punto de vista del lobo toda acción humana tenía entonces que resultar horriblemente cómica y absurda, estúpida y vana. Pero exactamente lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal, cuando le enseñaba los dientes a los demás, cuando respiraba odio y enemiga terribles hacia todos los hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. Entonces era cuando se ponía en acecho en él precisamente la parte de hombre que llevaba, lo llamaba animal y bestia, y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su esencia de lobo, simple, salvaje y llena de salud."

fragmento; Herman Hesse

miércoles, 12 de mayo de 2010

No dejes que me salve


A paulina.


Realmente nunca basta con repetírmelo un par de cientos de veces, entre las caminatas por el centro y uno que otro café bien cargado, luego de las clases o las tardes de noviembre, porque en ocasiones el escozor de mis ideas es tan fuerte que se me pierden hasta las ganas en los bolsillos, y el automático queda encendido mas tiempo del necesario; “No te quedes inmóvil al borde del camino”, y aquí me encontré detenido una vez mas, perdido entre esta imagen de lo que debiese ser, algo pseudo conceptualizado para los juegos de esta realidad sin pies ni cabeza.


Y nada avanza realmente, este Stand By, ese saborcito amargo se me atraviesa en la garganta junto con la nicotina del quinto cigarro, tomando en cuenta la situación, razonándola, percibiéndola, mirando con incredulidad el rumbo que he tomado, mirando tu rostro que se llena de muecas de incertidumbre, llenándome la boca de contorsiones explicativas del momento, es lo que veo, te digo, algo que trasciende mas allá de las simples apariencias, mas allá de cualquier contexto y cualquier situación… pero no: el silencio me agrieta los balbuceos y murmuras "no congeles el júbilo”, somos mas que dos palabras, no te pierdas en argumentos, no te ciegues en tu propio cuento, en tu propio invento, “no quieras con desgana” sabiendo que esto es mas que personas y apariencias…



“No te salves ahora ni nunca”, por la puta, no te salves, mirando al suelo, enfadada, con una suerte de indiferencia que duele sutilmente, todo es una trampa a medias. Me salvaba aferrándome del borde, llenándome de calma, reservando en el mundo solo un rincón tranquilo entre juegos de guerreros y flores al mediodía, entre luces de colores, entre insomnios y juicios, desperdiciando sueños hasta dormir sin alguno de ellos, sin su compañía, sin sus alas preciosas, con los pies en la tierra al igual que la cabeza, quedándome sin labios, sin sangre, impartiendo juicios, implacable, sin un resto de tiempo que no sea el que ya se ha usado.


Quería evitarlo, alzar las manos y tocar el aire inmenso que se descuelga de atardeceres sempiternos, ser tan diferente como el resto (que paradoja), y tu, tu vestido conjugado con el viento danzando entre tu pelo, trascendiendo, marchando, escribiendo sobre la muralla “si te salvas, entonces no te quedes conmigo”, y yo ahí, alzado como un canto rígido pegado al suelo, extendiendo mi lamento, empujando la inercia de todo el miedo de las estrellas en su finito incierto, con todo un mar cargando en la mirada, tomé tu mano, “Me salvé un instante, un ciclo completo, y la inconsciencia no reconoce cuanto agrede tanta salvación de por medio, tanta normalidad venida al cuerpo; no me salves ¿si?, no me salve nadie, me cambio de ropa y vamos a la playa, vamos a contemplar las auroras como hace horas, cuando unos cuantos no empujaban como ovejas hacia la salida mas cercana, tocando la arena, no hablando de mañana… no me salves, que me dejo caer y seguimos así un ratito al borde del camino”.


Y tú, con la sutileza de las plumas en caída libre, dedicando una sonrisa a mi estabilidad fingida, me salvaste sin hacerlo.

martes, 4 de mayo de 2010

Relato B (de tres y nueve)


Es una tarde única, aunque cualquiera, a principios del mes de marzo; cinco sería el día exacto, pasadas ya las siete luego del meridiano. Una paloma negra sobre una de las farolas de la plaza de armas, mientras otras tantas aves se desparraman por las baldosas de piedra rojiza y el aire calido que aún acaricia la ciudad.

Cierto, digo aún por el simple hecho que, de variadas formas esta tranquila tarde es un reflejo de aquellas de septiembre, siendo exactos, de un cinco por allá, quizás con muchas diferencias de opiniones, vehículos nuevos contaminando por allí, unos cuantos cientos o miles de bebés respirando esta realidad y otros tantos que expiraron entre hospitales y accidentes de transito (sin contar a quienes se llevó el mar y los muros caídos, el ultimo veintisiete, dando el rojo particular de septiembre al triste inicio de este marzo).

Pero los árboles siguen en su sitio, como hace seis meses, entre el grito y los saltos de los niños tras los gorriones arremolinados intentando coger el pan de los ancianos… lo siento, este marzo tiene demasiado septiembre entre sus calles y banquitos de madera, salvo por las banderas a meda asta y se avanza hacia pasajes mas fríos, internándose mas y mas hasta perder medio arco iris en el camino.

Tres y nueve distan por un junio, para algunos, lleno de lluvias y tonos monocromáticos, cargados de legumbres y circunstancias que bordean los doce grados Celsius.

Como dije, este tres es tan nueve, la paloma me dejó, dejó la farola y dos rapaces quedan madurando entre las hojas, como un marzo recurrente, decreciente, opuesto al reflejo de su nueve floreciente.

Y hace frío, de esos que no se agotan fácilmente, como cualquier cosa buena disminuida al tercio de lo que es, un tercio de nueve que no me gusta, aunque siga siendo parte del tercio completo.

Estoy redundando, tengo frío, la espera es larga y tengo solo una parte para conformarme, tengo solo un tres de todo un nueve, no se si baste, aún cuando este cinco de este tres sea igual que cualquier otro cinco de su nueve… no se si baste.

sábado, 1 de mayo de 2010

Relato A (inadaptado)




Tengo ganas de gritar, de moverme junto con la luz resplandeciente del foco para evitar el frio de la noche se que deja sentir. Nunca es fácil comportarse debidamente y poder seguir a las mariposas que revolotean por el camino antiguo, justo al lado de los campos de trigo, porque debíamos avanzar en silencio o soportar las miradas que llueven como pequeños mosquitos atraídos por el resplandor del fuego. Quizás no Debí escapar de casa, pero me cansaban los regaños por cualquier cosa. Siempre fue el silencio, siempre fue la mirada baja o los dibujos en las paredes; yo no tenía la culpa de sentirme diferente a ellos, de jugar con mi perrito durante horas hasta dormirme abrazado a él. Ahora ya no me queda mas que gritar un poco mas fuerte, saltar y buscar una forma de volverme un poco mas alto, con suerte alcanzaría el borde, poder subir. ¿Y luego que? Han pasado varios días desde que aquel señor me llevó en el camión cargado de paja a varios kilómetros de la ciudad, porque allá todo era tan aburrido y no podía hacer más que trabajar y aguantar.

El atardecer era hermoso, me gustaba ver las nubes altas y a los tordos paseándose entre la maleza y el campo repleto, pero desde aquí no se ve nada, se pone todo cada vez mas frío y esto ya parece un bailecito que me causa risa (y lo hago por abrigarme)…quizás esta es la suerte de todos los inadaptados: huir y terminar atrapados entre sus propios juegos, con hambre y el hielo entumiendo los huesos. No se si debiese tener miedo, si llorar o solo esperar que pase algún milagro que me saque de este embrollo, ni siquiera sé porque pienso todo esto, como si me ayudara en algo recordarlo todo, como si me hiciese sentir menos culpable.

No, no hay explicaciones, solo sucedió, por seguir a las mariposas, por quedarme acampando en plena llanura, lejos de todo cuanto conocía, pensando que en la vida las cosas suceden igual que en los libros, donde algunos salen de sus hogares buscando un mejor futuro, conociendo gente importante, buenas personas que prestan auxilio a quienes lo necesitan en el momento justo… sucedió porque por primera vez en mucho tiempo me sentía libre y feliz, podía reír y cantar, podía gritar y repetir mil veces el nombre de mi madre sin que mi padre me golpeara con lo que tuviese a mano, restregándome en la cara que estaba muerta, que yo la había matado al nacer, podía hacer lo que quería, pero no vi el pozo, no lo vi.

martes, 20 de abril de 2010

no me interesa (deja que la basura llene mi boca)



- No me interesa. Volver a este lugar de redes a dejar una lámpara de palabras no tiene importancia, y que el misticismo platónico junto a la convergencia armoniosa de teorías cuánticas de algún científico ruso matemático adicto a lo subjetivo de las correlaciones momentáneas de unidades de medición temporal sea igual a lo que no sea nada, lo que carezca casi en su totalidad de materia o comprensión o significancia (tipo raíz cuadrada negativa e imaginaria) en una realidad dudosamente real entre la torre, el carro y la muerte… ah, bendita muerte de las causas perdidas, bendita esperanza estrangulada por el cuello y dejada sin aliento a un lado del camino, sin algoritmos posibles para su posterior reinvención en el cielo estrellado de cuanto nombre se le ha puesto a Dios y todo lo que se parezca a él en el reino contundente y turbulento del la consciencia humana. No me interesa porque carece de voluntad férrea, de hojitas cayendo sutilmente hacia los parpados del tiempo, porque cede ante las presiones de una recta perpendicular dibujada en la pared con doce dígitos encerrados en un tres coma catorce, porque nadie sabe nada y todo es perfectamente simple, correcto y con sabor a metal roído entre los dientes, entre las ausencias patéticamente tristes y las emociones inmensamente fugaces…Entiende que no me interesa, no me interesan los supuestos, supuesto tiempo, supuesto espacio, supuesto amor desgarrado que te cuelga del pecho y de los labios, supuesta riqueza, supuesto futuro, supuesta sabiduría que te brota por los poros en un sudor toxico lleno de autosatisfacían insana, supuesta renuncia falsa que no entiende siquiera lo que pronuncia entre rezos. No interesa, porque en unos segundos siquiera respirando podría estar, siquiera la conjugación de tu verbo imperativo te salvara de un inevitable que se cruza en tu camino (y pasaron y nada pasa); no interesa porque el control es una blasfemia hacia cualquier intento de existencia real en esta vida de miserias…No me interesa, no me interesa y por hoy así se queda. Hoy me abandono a esas aguas calmas del no ser ni estar, de la chaqueta simple, el gorrito a cuadros y la bufanda que se agita con la brisa de un viento imaginario, tal vez un poco de nicotina y la música que suena entre ideas en la cabeza, no está mal… nada mal.


- bueno, perdón, solo fue una pregunta...